jueves, 23 de septiembre de 2010

PRIMEROS DÍAS DE CLASE: EQUILIBRIO ENTRE EL APRENDIZAJE ACTIVO Y LA AUTORIDAD DEL PROFESOR

Reconozco que me resultan muy duros los primeros días de clase: hacerse con los horarios y los madrugones, tantear a los alumnos, empezar con la materia e ir cogiendo rodaje.

Antes de comenzar el curso, medito en profundidad cómo me gustaría que se desarrollase mi asignatura (contenidos, actitud, organización, ritmo de trabajo, proyectos). Soy de la opinión de que hay que situar al alumno en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje, lo que implica una clase activa y un cambio en el papel desempeñado tanto por el alumno -que pasa de ser un mero espectador a ser agente dinámico de las clases- como por el profesor -el cual ya no es instructor de contenidos, sino organizador de procesos-.

Muy bien. Y ahora el gran problema: ¿cómo se consigue que los alumnos sean los protagonistas de una clase activa, y que a la vez atiendan a las instrucciones y normas del profesor, hagan silencio cuando sea necesario, y respeten los turnos de palabra?

El martes estuve en un Seminario sobre la Competencia en Comunicación Lingüística en el CAP de Pamplona. La ponente, Pilar Pérez Esteve, citó un estudio en el que se pretendía medir el papel de los profesores y los alumnos en el aula. Desde el exterior de la clase, a través de la ventana transparente de la puerta, se fue anotando cómo se desarrollaba la actividad dentro del aula. En un 92% de los casos era el profesor el que hablaba mientras los alumnos atendían. Sólo en el 8% restante los estudiantes participaban de manera activa. La ponente hizo una acertada valoración del estudio: a los docentes nos atemoriza cambiar un sistema en el que nos sentimos cómodos: controlamos a los alumnos, nosotros hablamos mientras ellos escuchan en silencio, dirigimos el ritmo y vigilamos cada gesto y movimiento desde la palestra.

El temor al descontrol me persigue siempre. Compaginar mi intención de crear una clase participativa con el deseo de que los alumnos no se desmadren es un arduo trabajo. No tengo la solución a ello, pero mientras tanto utilizo un truco que hasta el momento me ha servido de gran utilidad: las primeras semanas de clase soy yo la que dirijo las actividades y llevo el peso del proceso de enseñanza. Creo un clima de silencio en el aula, impongo orden en la clase, establezco cierta disciplina y, de manera políticamente incorrecta, hago un poco de señorita Rotenmayer.

Aflojar a medida que pasan las primeras semanas es fácil. Tensar, casi imposible. Una vez que los alumnos han adquirido las pautas de comportamiento, les cedo el protagonismo: ya están preparados para trabajar de manera participativa, sabiendo que deben hablar cuando les corresponde y callar y atender al profesor cuando es necesario.

Ése es mi truquito. Acertado o no, aún no he encontrado una alternativa mejor.


5 comentarios:

  • Lu dijo...

    El trabajo autónomo funciona cuando los alumnos han ido adquiriendo el hábito. Si sólo se promueve en una materia, es difícil que se habitúen. Ahora bien, si tienes la suerte que yo tengo de coger a los alumnos más de un curso, entonces el camino se allana muchísimo.

    Suerte

    Estrella dijo...

    Interesante planteamiento. Soy de las que piensan que a clase no se va a acumular información para luego vomitarla en un examen, y nunca más se supo.
    Yo misma aprendo desde la práctica, desde el error. Cuando paseo por un centro educativo en el que se mastica el silencio absoluto,vuelvo a las aulas de mi infancia y me estremezco. Un aula debe estar viva. Un alumno en silencio es muchas veces un alumno sumido en "otra dimensión". Eso si, el "ruido" debe ser participativo, ordenado y sobre todo respetuoso. Todavía después de 22 años sigo buscando la fórmula...si te la cuentan en el CAP, la publicas por favor.
    Enhorabuena por tu revuelta bloguera.

    BIBLOS dijo...

    Bienvenida, Silvia. Ya estamos otra vez metidas de lleno en este lío. ¡Suerte y al toro!

    Silvia Gongo dijo...

    Lu, pocas veces he podido repetir con el mismo grupo de alumnos, y cuando lo he hecho estaban mezclados con otros nuevos y ha habido que comenzar de cero (los alborotadores ganan siempre las batallas arrastrando a los demás).

    Estrella, coincido contigo: clase activa sí, pero con orden y concierto. El cómo conseguirlo, un enigma y un desgaste de energías para mí.

    Biblos, seguiremos al pie del cañón, ¡un saludo!

    Anónimo dijo...

    Hola, como chavalin que soy os daré mi opinión que he estado en los dos lados recientemente.
    Por un lado una clase muy autoritaria hace que cuando no este la autoridad la cosa se desmadra, inconveniente para los demas profesores que no son tan autoritarios.
    Por otro lado es más fácil subirse a los chavales de la chepa que bajárselos.
    En el término medio está la virtud, ale a buscar ese término meedio.
    Al final la clave es la autoridad del profesor, y cada día lo llevais mas jodido porque no paran de quitaosla los padres (que muchas veces son lo peor) los macarras, etc. Pues otro trabajo arduo... recuperar la autoridad que antes nadie cuestionaba. Yo lo tengo fácil ya tengo la autoridad ganada y muchas herramientas para no perderla, pero mi clase es algo particular... a vosotros os toca currar...
    Pues lo dicho suerte y al toro